La presa

El cazador deja el cebo en el piso y continúa su camino. Lleva un rifle cargado con un dardo tranquilizante y una escopeta en la espada, hay ciertas ocasiones en las cuales hay que matar a la presa para no pasar a ser la presa. Calza unas gruesas botas que tapan los tobillos, pantalones abrigados con muchos bolsillos y una chaqueta con muchos más bolsillos, lleva desde una radio hasta un cuchillo, pasando por medicamentos y municiones. Usa bigotes y tiene barba de un par de días, en su cara hay una muy clara expresión de seriedad y en sus ojos siempre hay un brillo especial que lo delata como un asesino.

Deja otro cebo y continúa hasta el campamento. Allí se encuentra con su ayudante, un nativo del pueblo que conoce muy bien la zona. Se sentó a revisar todo el equipo mientras espera, deseando, que su presa muerda los cebos.

Esta vez su presa era lo que los nativos consideraban un demonio, pero él creía que tendría el agrado de cazar a una pantera negra salvaje y feroz. El cebo consistía en algún animal muerto de la zona, uno de los tantos que la pantera acostumbraba comer, a diferencia de los demás animales, la dieta de la pantera consistía tanto de carne viva como muerta y a cualquier hora del día.

Los grandes propietarios del pueblo se indignaron cuando descubrieron que algo estaba matando a su ganado. Los nativos acusaban a este demonio y ninguno se animaba a hacer algo, fue cuando decidieron llamar al cazador para que atrapase al demonio.

Hacia una semana que estaba en el bosque cerca del pueblo y no tenia ningún rastro del demonio, en el pueblo no ataco ningún ganado y en el bosque no mordía ningún cebo… hasta hoy.

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