Historia de dos X (Final)

A pesar de no tener que preparar el desayuno se levantó temprano, salió a la cocina y la encontró preparando el café.

— Te estaba por ir a despertar.

La miró con cara de sueño y pasó al baño sin responderle. Salió después de unos minutos y con la cara más despierta.

— No me siento con ganas de estar en esa cama por mucho tiempo.

Tomó asiento en la mesa de la cocina y Daiana trajo una bandeja con los dos café y unas tostadas. Ella desayunó un poco apurada, como era su costumbre, mientras que él se tomaba todo el tiempo del mundo para hacerlo.

— Espero que hoy vayas a la facultad.

— Anoche te dije que sí.

La miró por curiosidad, sólo para encontrar a sus ojos huirles a los suyos, otra vez tenía esa extraña expresión en el rostro, igual que el día anterior.

— Andá a trabajar, yo limpio todo.

— Está bien.

Se cargó la mochila al hombro y salió al trabajo. Cuando llegó a la puerta, Sebastián la llamó.

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Historia de dos IX

El despertador no sonó. Daiana preparó todo el desayuno y usó una sola bandeja para llevar todo al cuarto de Sebastián.

Entró al cuarto, con el codo encendió la luz y se quedó parada observándolo dormir. Los pensamientos de la noche la volvieron a invadir y descubrió que era totalmente diferente al padre. Salió del trance, dejó la bandeja en el piso y caminó hacia él.

— Sebastián despertate. —Apoyó una mano en su hombro y lo empezó a mover— Despertate.

Abrió los ojos muy despacio y la vio con una extraña expresión en el rostro.

— Te dejo el desayuno, me voy a trabajar

Dio media vuelta y se fue. Sebastián desayunó, dejó la bandeja en el piso y siguió durmiendo hasta el mediodía.

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Historia de dos VIII

El despertador sonó a la hora acostumbrada. Salió del cuarto y Daiana seguía durmiendo, por lo cual decidió hacerle una broma. Preparó el desayuno para los dos y una vez que lo terminó golpeó con fuerzas la puerta de su cuarto.

— ¡Daiana, levántate que llegas tarde a trabajar, me quedé dormido!

Los golpes la despertaron y las palabras retumbaron en su cabeza como si le arrojasen un vaso con agua fría. Saltó de la cama sin consultar ningún reloj, se cambió de ropa y salió toda despeinada con cara de preocupación.

Sebastián la vio y no logró contener una estrepitosa carcajada.

Daiana lo miró y no entendía de que se reía, una idea le cruzó la mente y consultó el reloj de la cocina, faltaba una hora para ir a trabajar, tiempo suficiente para desayunar e ir al trabajo.

Daiana enojada— ¡Hijo de…, te voy a asesinar!

Corrió hacia él enojada y comenzó a darle golpes en el pecho obligándolo a caer en el sillón. Se defendió como pudo sin tratar de pegarle.

— Para, te hice el desayuno.

— Y que me importa.

Le agarró las manos y la obligó a terminar la pelea por cansancio. Fue a desayunar con un poco de rencor que no duró demasiado.

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Historia de dos VI

Llegó al cementerio, miró a su alrededor y vio el automóvil del padre estacionado cerca. Espero a que él saliera, pero no ocurrió, cruzó enfrente y compró un sencillo ramo de flores en una de las improvisadas florerías, siguió esperando e intentó observar a través de los vidrios polarizados del automóvil sin ningún resultado.

Buscó en su memoria algún recuerdo de su madre, pero encontró muy pocos. Una tarde de verano con sol radiante y brisa fresca, en el patio de su casa preparándose para almorzar afuera, está en la pileta salpicándola, ella se enoja con él y el padre que se ríe de la situación, ella toma una jarra con agua y se la arroja en la cara, pierde la sonrisa y se queda perplejo mientras ella se ríe de él. Uno de los pocos recuerdos que tiene de los tres juntos y casi el único en el que el padre se ríe.

Cruza hacia el cementerio con un ritmo tranquilo, entra y dobla hacia la izquierda.

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