Historia de dos VI

Llegó al cementerio, miró a su alrededor y vio el automóvil del padre estacionado cerca. Espero a que él saliera, pero no ocurrió, cruzó enfrente y compró un sencillo ramo de flores en una de las improvisadas florerías, siguió esperando e intentó observar a través de los vidrios polarizados del automóvil sin ningún resultado.

Buscó en su memoria algún recuerdo de su madre, pero encontró muy pocos. Una tarde de verano con sol radiante y brisa fresca, en el patio de su casa preparándose para almorzar afuera, está en la pileta salpicándola, ella se enoja con él y el padre que se ríe de la situación, ella toma una jarra con agua y se la arroja en la cara, pierde la sonrisa y se queda perplejo mientras ella se ríe de él. Uno de los pocos recuerdos que tiene de los tres juntos y casi el único en el que el padre se ríe.

Cruza hacia el cementerio con un ritmo tranquilo, entra y dobla hacia la izquierda.

Las cruces erguidas se extendían solitarias por sobre todo el césped, estaban puestas cuidadosamente y había entre ellas siempre la misma distancia. El sol de las tres de la tarde les hacia proyectar una sombra alargada y un tanto oblicua.

David estaba parado enfrente de una de las tantas cruces, con su saco negro desentonaba completamente con el lugar. Se paró junto a él y miró la cruz de su madre, una cruz blanca y pálida con grabados, donde de manera vertical estaba escrito el nombre y apellido mientras que horizontalmente el año de nacimiento y fallecimiento, no había recordatoria ni nada por el estilo.

Sebastian y David

— No se para que insistís en venir todos los años.

— No quiero olvidarme de ella, apenas recuerdo su rostro.

— Olvidar el sufrimiento es la forma en que sobrevivimos, pero hay cosas más importantes que recordar. Fue tu madre quien me enseñó esa valiosa lección, es por eso que vengo, para confirmarlo una vez mas.

— Ya lo sé, su muerte nunca me hizo sufrir, por eso vengo. Lo que me hace sufrir es no recordarla.

— Eras chico cuando pasó, todo lo que tengo de ella está en mi corazón, lo demás son objetos, inclusive la tumba esta vacía.

— A diferencia tuya no tengo mucho en mi corazón acerca de ella.

— Debo irme, tengo otros asuntos que atender. Hasta luego.

Dio media vuelta y se marchó. Sebastián quedo solo con la tumba de su madre, la mirço y pensó en ella unos minutos e hizo lo mismo que el padre.

Daiana se escondió detrás de una pared y solo alcanzó a verlos parados uno al lado del otro sin poder escuchar nada. David salió primero, pero salió por otro lado muy lejos de donde estaba ella, en cambio Sebastián venía directo hacia ella y no tenía muchos lugares donde esconderse. Se pegó a la pared deseando ser una con ella para que no la viera. Sebastián pasó cerca de ella y se hizo el distraído, caminó un poco más y se detuvo.

— Creí haberte dicho que no me acompañes.

Daiana se quedó sorprendida, trató de inventar alguna excusa pero Sebastián no le dio tiempo.

— Podés acompañarme, pero no me tenés que preguntar nada.

No lo pensó dos veces y lo acompañó, para sorpresa de ella fueron a la tumba de la madre.

— Aquí esta enterrada, vengo todos los años, el cuerpo no estça pero igual me ayuda a no olvidarla y a pensar un poco. Murió cuando yo tenía 6 años, según mi padre yo estaba presente pero es algo que no recuerdo, en realidad tengo muy pocos recuerdos de ella. Hoy es unos de los pocos días que mi padre me habla de ella, por eso trato de venir con él, siempre que le pregunto acerca de ella me ignora.

Daiana lo abrazó.

— ¿Vamos a ver a tu ex-novio?

— No, gracias. Murió hace poco, y ya lloré todo lo necesario por él, ahora sólo me resta secarme las lagrimas y seguir adelante.

Le dio un beso en la mejilla, la abrazó y después fueron en silencio hasta la casa, disfrutando la compañía del otro.

Continuara…

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