Historia de dos V

LlamaronDavid a la puerta antes de que el despertador sonara. Daiana se encontraba levantada y fue a atender, miro por la mirilla de la puerta y observo a un hombre algo mayor, un poco mas alto que ella, bien vestido y con unos anteojos de sol, no lo conocía pero creía haberlo visto antes.

— ¿Quien es?

— David, el padre de Sebastián.

Daiana se apresuro a abrir la puerta.

— Pase.

— Gracias.

— ¿Qué lo trae por acá?

— Tenia el día libre y quería estar un tiempo con mi hijo, hace mucho que no hablamos.

— Esta durmiendo, los domingos el siempre se levanta tarde, es su único día para dormir. Siéntese que ya lo voy a llamar.

Daiana no quería admitirlo pero la presencia de David le daba un poco de nervios. Golpeo suavemente la puerta del cuarto de Sebastián.

— Sebastián, vino tu padre a visitarte. —Volvió a golpear— Sebastián, levántate.

— Esta bien, ya voy —respondió medio dormido.

— ¿Quiere tomar algo mientras Sebastián se levanta?

— No gracias, y no es necesario que me trate de usted.

— Esta bien.

Paso por la cocina a poner una pava en el fuego y se sentó enfrente de David. Lo miro fijo unos segundos pero él no dejaba traslucir ningún sentimiento.

— Sebastián me hablo un poco de usted.

— Y a mi casi nada de vos, y vuelvo a insistir, no es necesario que me trate de usted.

No podía encontrar ninguna emoción en una cara tan dura, los anteojos oscuros hacían que sus ojos parecieran agujeros negros y las manos juntas sobre la mesa envueltas en unos guantes le daban una autoridad mas que interrogatoria.

— ¿Hace mucho que no habla con Sebastián?

— Desde que se fue de casa.

Otra ves una respuesta fría, le hacia recordar a Sebastián cuando se aislaba del mundo.

— ¿Ni siquiera por teléfono?
— No.

Para alivio de Daiana, Sebastián salió de su cuarto y los vio sentados a la mesa.

— Daiana, la pava esta por hervir.

Salió apresurada hacia la cocina.

Lo miro detenidamente y supo donde encontrar los ojos debajo de los lentes, camino hasta la mesa sin sacarle los ojos de encima, desafiándolo y ocupo un lugar vacío al lado de Daiana.

— ¿Sebastián, vas a tomar algo? —Pregunto Daiana desde la cocina

— Un café.

— ¿Como estas hijo?

— Bien

— ¿Los estudios?

— Bien

Daiana salió de la cocina llevando una bandeja con dos café y el azúcar, la dejo en la mesa y sirvió el café de Sebastián y el de ella.

— Gracias. Padre ¿no quieres algo de tomar?

— No, gracias, ella ya me ofreció, pero nadie hasta ahora nos ha presentado como corresponde.

— Ella es Daiana, —se ruborizo un poco y esbozo una leve sonrisa— estudia otra carrera, pero vamos a la misma facultad.

— Que interesante, en mis tiempos era diferente, pero ya quedaron atrás. Espero que mi hijo no te este causando problemas.

— Para nada, en realidad lo tengo limpiando y cocinando todo el día, es como un sirviente.

David esbozo una sonrisa y Sebastián se sonrojo un poco, pero en realidad le molesto ese chiste.

— ¿Como hiciste para conocerlo?

— De casualidad, íbamos al mismo curso y tuvimos que hacer un practico en grupo, de todos lo que éramos al final quedamos nosotros dos, después yo me tuve que ir de mi casa y la opción mas racional era esta, y acá estoy.

Sebastián seguía excluido de la conversación, lo único que hacia era escucharlos y tomar su café, al parecer Daiana se entendía con David y los nervios ya habían pasado al olvido. Termino el desayuno y sin dirigirles la palabra se fue a bañar, cuando salió todavía estaban hablando.

— Sebastián, voy a comprar algo para el almuerzo, ¿me pones una olla con agua en el fuego?

— Esta bien.

Fue a su cuarto a cambiarse, luego fue a la cocina e ignoro completamente la presencia del padre.

— Vine para saber si me vas a acompañar al cementerio.

Gendo y su esposa

— Si viniste solo para eso ¿porque no usaste el teléfono?

— Quería saber como estabas, y con quien convivías, parece una chica agradable.

— Si.

— Mejor así.

— ¿Como estas?

— Bien.

Sebastián puso la olla con agua en el fuego limpio la mesa y comenzó a lavar las tazas cuando Daiana llego con un par de bolsas.

— ¿Alguien me podría ayudar?

Sebastián estaba por ir, pero el padre se paro y llevo las bolsas a la mesa.

— Gracias.

— De nada.

— Voy a cocinar algo sencillo pero rico, ¿Te quedas a comer?

— No puedo, debo irme, tengo otros asuntos que atender.

— ¿Ya se va? —David ya se encontraba caminado hacia la puerta—

— Si —lo acompañó— espero poder volver pronto y quedarme a almorzar. Hasta luego.

— Chau

Cerro la puerta y se quedo pensando, camino hacia la cocina con un paso mas que apresurado.

— ¿De que hablaron?

— De nada interesante

— ¿Qué le dijiste para que se vaya?

— Nada, puede ser muchas cosas pero no un mentiroso.

— No quise insinuar eso. No se como te podes llevar mal con alguien como él.

— Desde que mamá murió el se aboco mucho a su trabajo…

— ¿Tu madre murió?

— Si, hoy se cumple otro aniversario.

— No lo sabia.

Sebastián cerro las canillas, seco todo y fue pacientemente hacia su cuarto. Ello se limito a observarlo y a pensar cuanto dolor y rencor guardaba en su interior, sintió pena por él y a la vez alegría por que ya comenzaba a hablar.

Termino de preparar el almuerzo y fue a llamarlo, durante la comida no hablaron. Al terminar, él levanto lo platos, los dejo en la cocina, fue al baño y busco una campera.

— Me voy —se puso la campera—

— ¿A donde?

— A encontrarme con mi padre, en el cementerio —camino hacia la puerta—

— ¿Querés que te acompañe? —Volteo la cabeza para mirarla—

— No, gracias —Siguió su camino, abrió la puerta y salió a la calle.

Cerro la puerta con suavidad, pero ella sintió todo lo contrario. No le gusto como la excluyo de su intimidad y la comenzó a roer la curiosidad. Enojada y con muchas preguntas, tiro el delantal de cocina, agarro una campera y se decidió a seguirlo cuidadosamente.

Continuara…

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