Historia de dos III

¡Sebastián, el desayuno esta listo!

— Está bien… cuando me levante voy… ¡decile que no se enfríe!

Daiana estallo de ira. Fue a la cocina y llenó una jarra con agua. Abrió la puerta del cuarto de Sebastián y le arrojó todo el contenido de la jarra.

— Te me levantas ahora y no me tomas más el pelo.

Sebastián no entendía absolutamente nada. Luego de que Daiana se fue cerrando bruscamente la puerta, se levantó y trató de apresurarse en secarse con las sabanas. Se cambió las ropas mojadas por unas secas y fue a tomar el desayuno.

— ¿Puedo saber qué te hice ahora?

No recibió respuesta

— Ahora tengo la excusa perfecta para cambiar las sábanas, hacía dos semanas que no lo hacía.

Daiana lo fulminó con la mirada y comprendió que debía callar un buen rato.

Sebastián llegó tarde a clases. Al salir vio a Daiana esperándolo en la puerta del aula.

— Estaba esperando a que salieras. —En su voz había un tono de preocupación y un deseo de que la escuchen.—

Sebastián la miro y le pareció raro verla tan calmada y dócil.

— ¿Me acompañas un café? —Insistió ella.

Caminaron juntos al buffet, Sebastián le ordenó sentarse mientras el pedía los café. La volvió a mirar y la encontró perdida, como en otro lugar, parecía que no era ella, ni tampoco la misma que a la mañana le había tirado una jarra con agua. Le puso el vasito adelante de ella, tomó asiento y guardó silencio.

— Me volví a pelear con mi novio,… en realidad lo deje. —Los ojos miraban para cualquier lado— no sé si vas a entender. —Sebastián seguía mudo—

Daiana tomando cafe

— ¿Por que me lo contás a mi?

— Creo que sos el único que me puede entender

— ¿Y tus amigas?

— ¿Ellas… amigas mías? ¿Estas soñando? Son compañeras de clase.

— Está bien… habla.

— Lo dejé —Sebastián volvió a guardar silencio y Daiana no sabía como comenzar— Me pidió casamiento… le dije que no y lo dejé. —Agachó la cabeza y enmudeció unos segundos— Me hace recordar a mi padre… en muchas cosas… me asusta casarme con alguien parecido a mi padre… —los ojos comenzaron a brillarles— No sé qué hacer…

— Yo tampoco —Dijo mientras la tomaba de las manos.

Caminaron de vuelta hasta la casa, esta vez ella lo abrazó y dejó escapar unas lágrimas.

Sebastián preparó la cena, y después limpió todo. Ella todavía estaba sentada, mirando la mesa vacía.

— Sebastián… gracias… por escucharme…

— De nada —Y entró en su cuarto a dormir.

SebastiánSebastian sorprendido se levantó temprano, preparó el desayuno y fue hasta la puerta del cuarto de Daiana. Levantó la mano para golpear la puerta y una duda lo invadió, no sabía si despertarla o dejarla dormir un poco más. Cuando se decidió, la puerta se abrió y golpeo el aire.

— ¿Qué haces parado?

— Te venía a despertar… el desayuno ya está listo. —Daiana miró por sobre el hombro de Sebastián y vio la mesa con todo preparado.—

— Mm… fuiste a comprar facturas, gracias —Lo abrazo bien fuerte y Sebastián no supo que hacer.—

— De nada…

Daiana fue a sentarse a la mesa, con una mano le ponía azúcar al café y lo revolvía, mientras con la otra, elegía una medialuna y la comía. Sebastián la miraba, cada vez entendía menos el carácter tan cambiante de ella, el día anterior estaba destrozada, y hoy, se encontraba como si nada hubiese pasado.

Sebastián fue a clases temprano, y no la vio en ningún lado, tampoco cuando salió de clases, le parecía extraño. El camino de vuelta parecía diferente, últimamente lo hacia junto a Daiana y, aunque no lo quisiera así, se estaba acostumbrado a su compañía.

Llegó a la casa y la encontró sentada, con los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza apoyada en ellos. No hizo ningún gesto al escuchar abrirse la puerta.

— No fuiste a clases —Daiana no reaccionaba— Me preocupaste un poco, pensé que te había ocurrido algo en el trabajo, o camino a la facultad. —Al acercarse Sebastián creyó oír un débil llanto—¿Estás bien?

Daiana levantó la cabeza y lo miró, tenía los ojos hinchados y rojos de tanto llorar, y en las mejillas había un camino de lágrimas secas. Se paró, lo abrazó bien fuerte, y volvió a llorar un poco más.

— Está bien… ¿Qué paso?

La abrazó, tratando de consolarla sin saber de que. Ella se separó de él y fue al baño. La miró irse, y notó que llevaba puesto un vestido negro. Estuvo unos minutos dentro y cuando salió ya no había rastro de lágrimas.

— Te estaba esperando, no puedo ir sola… me es difícil.

— Esta bien… pero ¿a dónde vamos? —Creía saber la respuesta.

— Me llamaron al trabajo… cinco minutos antes de irme. Pasó hoy a la tarde, él estaba manejando, creen que se distrajo un segundo… —No dijo más nada.

Sebastián la abrazo.

— Espérame un minuto y vamos para allá.

Dejó las cosas ahí tiradas y fue a la pieza a buscar un abrigo.

Volvieron tarde y muy cansados. Cada uno fue a su habitación sin arreglar un poco el desorden de la casa.

Continuara…

4 comentarios en “Historia de dos III”

  1. Esta muy buena la tercera parte pero que es lo que pasa!!! No puedo esperar hasta el jueves para ver que pasa. Peor que ahora tengo muuuuuucho tiempo libre que voy a hacer para distraerme y no pensar en que es lo que le sigue XD

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