El redactor V (Final)

El primer palazo fue el mas duro, clavo la pala en la tierra y dudo en hacerlo, pero con lagrimas brotán­dole de los ojos igual lo hizo. Otro palazo, esta vez mas fácil que el anterior. Con cada palazo las lagrimas fueron desapareciendo y cada vez fue mas fácil terminar de rellenar el pozo.

A pesar de ser un cajón fúnebre, ofrecía un cómodo lugar para dormir, ahora comprendía por qué le gustaba esa cama a los vampiros. Escucho caer el primer montón de tierra, mucho mas tarde vino otro y el siguiente con menos retraso hasta que tomaron un ritmo constante, parecía una monótona pero hermosa me­lodía. Los estampidos fueron cada vez menores, como si le bajaran el volumen para obligarlo a dormirse. Cuando los ruidos cesaron supo que no había marcha atrás, solo restaba esperar un par de horas. Esperar.

Tiro el ultimo montón de tierra. Tomo asiento a un costado del pozo y lloro. Limpio las lagrimas con las manos y se percato de los guantes, tan sucios como la tarea que realizo. No los soporto y se los saco con asco, miro otra vez las manos y seguían sucias.

— ¿Que me hiciste hacer? —Pregunto entre lagrimas mirando una tumba imaginaria— ¿Por que yo? ¿Por que? ¿Como pensas que voy a vivir con esto?… ¡Habla!

Lloraba con tristeza y odio. Se paro y tomo la pala, la hundió en la tierra recién puesta, decidido a sa­carlo. Se arrepintió. Tomo los guantes, la pala y se fue por un costado, pasando por una puerta que siempre suele estar abierta.

Media hora. El lugar comienza a perder la comodidad de a poco. Respira lento, tratando de contener el aire en los pulmones todo el tiempo posible. La muerte se acerca al mismo paso que su respiración, la ve.

Gabriel camina hasta una calle iluminada, es una avenida y a esa hora esta desierta. Deja la pala a un costado y se sienta recostándose en una pared. Saca el sobre del bolsillo y lo mira con curiosidad, trata de adivinar su contenido. Lo abre resignado, sin ganas.

Gabriel:

Hablar con vos fue lo mas difícil que afronte en esta vida, incluso mas difícil que tomar la decisión de suicidarme. Casi nunca hable de mi, siempre lo esquive, y cuando escribía me escondía en las palabras. En mi biblioteca están todas las cosas que escribí, me tome el trabajo de leerlas y remarcar las cosas relacionadas con mi vida; en un cajón hay cosas escritas relacionadas con las cosas remarcadas, en el sobre encon­traras la llave.

En todo este tiempo que hable con vos aprendí bastante de mi, me entendí mas de lo que pensaba hacerlo. Todavía no puedo creer todo lo que hice y lo que voy a ha­cer.

Una hora. Estar en la misma posición lo aburre, trata de moverse un poco, pero es mas doloroso que estar quieto. Frustrado vuelve a quedarse inmóvil. Esta tranquilo, relajado, la temperatura del pequeño ambiente subió apenas unos grados y todavía queda oxigeno para una hora mas, tal ves dos.

No puedo vivir mas con las alucinaciones, veo a todos mis personajes, veo re­petir todas las cosas que hacen en mis historias, es horrible, hay veces que me cuesta distinguir la realidad. Las pastillas los espantan pero vivir drogado no es vivir, es su­frir en vida, no me gusta.

Hora y media. Transpira, la respiración es rápida y cortada. El dióxido de carbono hace que el cajón sea como un horno al mínimo. La muerte acelera su paso. Los músculos están dormidos. Esta asustado, los ojos van de una lado a otro.

Desde el primer momento en que te vi me caíste bien, me diste confianza para hablar, es por eso que te elegí para este trabajo. Ruego tu perdón, se que todo el dinero que te pague y el que vas a ganar no es suficiente para recibir tu perdón, poro mas no te puedo ofrecer.

Dos horas. Tantea el revolver, sigue ahí. La temperatura subió, ya es insoportable. La experiencia le pa­rece buena, es tal cual se la imagino tantas veces. Saca el revolver, pesa mas que antes, ya casi no tiene fuerzas para llevar el cañón debajo de la mandíbula, el movimiento es lento y tedioso, dolorosamente te­dioso.

Ahora debo estar muriéndome, espero que me logres entender algún día y me logres perdonar por obligarte a enterrarme. Espero que sea agradable mi muerte, no te preocupes por si sufro, tengo una Smith & Wesson en mi bolsillo por si la asfixia se vuelve insoportable.

Dos horas cinco minutos. El cañón del revolver llega a destino, en cualquier momento el oxigeno en la sangre será tan escaso que el cerebro no recibirá lo suficiente para permitirle estar consiente. Se desmaya­ra, y después de unos minutos mas dejara de respirar.

Disfruta lo mejor posible la vida.

Adiós.

Julián

P.D.: Perdón.

Dos horas diez minutos. Transpira cada vez mas. Ahora el horno esta al máximo. Cada vez le cuesta mas abrir los ojos, sabe que de un momento a otro se desmayara. Cuesta jalar el gatillo, no por la decisión sino por qué esta muy débil para hacerlo. Elige no desmayarse. Hace una ultimo esfuerzo con el dedo índice. La bala atraviesa la mandíbula con facilidad, la lengua y el paladar tampoco ofrecen mucho reto. Atraviesa un poco de carne, logra pasar con una enorme gracia por entre las arrugas y la carne blanda del cerebro hasta que se topa con un adversario digno, el cráneo. Le cuesta atravesarlo pero lo consigue, sale por el medio de las dos sien y arriba de la nuca, clavándose en el cajón. Se encuentra tapada por una fina capa de sangre y astillas de huesos. El agujero de salida es dos veces mas grande que la bala, y esta rodeado por pedacitos de cerebros que se pegan al cabello. La muerte llego y ahora se siente libre y en paz con el mundo.

Julian muerto

Gabriel llora aun mas, se cree usado. Guarda la llave, aprieta la carta con odio.

— Hijo de puta, lo tenias todo preparado, me usaste.

Se paro y fue hasta su casa, a tratar de dormir. La desaparición de Julián revoluciono los medios, el se­reno del cementerio se dio cuenta de la nueva lapida y la policía exhumó el cuerpo de Julián. Lo encontra­ron con un balazo en la cabeza y en estado de descomposición, caratularon todo como suicidio. El testa­mento de Julián se hizo publico, como Julián ordeno. Un mes después su biografía llego a las librerías y los fanáticos arrasaron con ella. Justo como Julián quería.

6 comentarios en “El redactor V (Final)”

  1. Este cuento lo escribí hace tiempo… fue el tercero que no escribí “de una” (one shot), y fue el primero con diálogos. Ustedes dirán “¿Y a mi que con eso?” pero para mi fue un gran paso.
    Los diálogos es algo bastante complejo, los que opinen lo contrario los desafió a escribir algunas lineas de dialogo, y que parezcan personas distintas y todo eso.

    Volviendo… si juegan un poco con las palabras, Julian queda Juan (mi nombre si no lo saben)… y tiene mucho de mi para ser sincero… demasiado.

    Venia de escribir 2 historias, una de un loco, y otra de vampiros… para la primero estuve 3 días, y para la otra 3 meses… durante ese tiempo los personajes “vivían” dentro de mi cerebro, justo como Julian lo explica, y hacer diálogos es un acto de esquizofrenia pura.

    Luego de mi segunda historia me sentí un poco como Julian, y se me ocurrió escribir sobre eso, sobre como puede llegar a traumar tener eso en la cabeza, mas una vida jodida (típico de todo buen escritor). También fue un desafió en cuanto a los diálogos.

    Julian es YO hasta el momento que comencé a escribir la historia, el pasado tortuoso y feo también, desgraciadamente.

    Escribir esta historia me dejo un trago amargo al final… creo que mate deje en coma a mi escritor, en pos de mi ¿salud mental? y luego de eso, las cosas que escribí fueron una mierda, para mi gusto claro esta.

    También fue como tocar fondo, en lo personal, y escribir es ayudarme a no tocar fondo, o es una manera de decir “People, tengo problemas”… todavía estoy con esa incógnita.

    Gracias a Gomita por los dibujos

  2. Wow, que final. No me esperaba, me gusta mucho como escribes tiene eso de que haces que me pege leyendo y me sienta dentro del cementerio, o dentro del ataud.
    Realmente lo haces muy bien.
    Tarde llegé a leer el final, es que se me habia olvidado tu blog.
    Sabia que era el Blog de algun Claber, pero se me habia olvidado de quien especificamente.

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