El redactor IV

Julián esbozo una leve sonrisa, riéndose de su propio cinismo, la risa era su forma de escaparse del vacío, de salir de su vida, aunque para ello tenga que clavarse una daga en el corazón. Gabriel acompaño la leve sonrisa con otra mas pequeña, solo por obligación.

— ¿Alguna vez escribiste sobre algún problema tuyo?

Julián volvió a reír, esta vez era una risa un poco macabra, casi siniestra. Estaba saliendo del abismo y Gabriel lo volvió a empujar.

— Es de lo único que escribo.

— A mi no me parece así —refuto Gabriel.

— Siempre escribo acerca de mi —insistió Julián.

— Me leí todas tus novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, todo y nada hablaba sobre vos, incluso las precarias biografías de las solapas de tus libros, nada, tu vida es un misterio.

— Comencé escribiendo sobre mi, sobre lo que pasaba, luego se lo atribuí a distintos personajes, les di ideas, miedos, experiencias, fantasías, deseos, actitudes, etc., pero desde lo primero que escribí tomo como costumbre esconderme. Mi vida esta contada en mis obras, solamente tienen que buscar muy bien.

— ¿Por qué haces eso?

— Aunque no lo creas me cuesta hablar de mi, por eso escribo y se lo atribuyo a otros. Esconder mis cosas entre los personajes es una especie de capricho, o juego, y me gusta mucho hacerlo.

Gabriel apago el walkman y Julián toco fondo. Esta noche había escuchado demasiado, trato de organi­zarlo todo pero había algo que no cerraba. Repaso toda la charla, pregunta a pregunta, hasta que lo encon­tró.

Julián bajó otra ves, rodeo la lapida y toco el relieve con las manos. Cerro los ojos y pensó una ultima vez la decisión que tomó. Debía hacerlo. Un clic lo trajo a la realidad.

— Julián, hay algo que no me cierra.

— Habla.

— ¿Por qué escribís?

— Ja, pensé que lo habías entendido.

— No.

— Esta bien, te lo voy a decir. Escribo para despejar mi cabeza, para mostrarme al mundo aunque me oculte al hacerlo, escribir me hace sentir importante, me libera. Pero el motivo mas importante es que me gusta mucho, aunque seguir escribiendo sea un suicidio lo voy a seguir haciendo y voy a morir feliz.

— Y tengo otra pregunta —Julián hizo un gesto de afirmación— Si tanto te cuesta hablar de vos y tanto te escondes al hacerlo ¿Por qué me llamaste?

— Necesitaba hablar con alguien, y ahora que te conozco bien te voy a pedir un favor, pero debemos saberlo únicamente nosotros.

Gabriel no opino, apago el walkman y lo guardo en un bolsillo mirando con ansiedad a Julián. Julián saco un sobre de su bolsillo y se lo entrego a Gabriel.

— Tiene unas instrucciones para que termines mi biografía y algo para que leas, pero no ahora. Me te­nes que ayudar con algo que no puedo hacer solo. Me tenes que enterrar.

— ¿¡Cómo!? —Respondió Gabriel ante el insólito pedido.

— Para que te pensas que arme todo esto —Julián miro de soslayo la tumba abierta— ya hable con el sereno, piensa que estoy haciendo una investigación para un libro. Dale es fácil, me meto en el cajón, lo cerras y tapas el hueco.

— No. Mientras hablábamos pensé que eras un poco excéntrico, pero ahora me doy cuenta que estas loco

Paseo de Gabriel—Gabriel comenzaba a enfurecerse— me estas pidiendo que te mate.

— Que me suicides —Replico Julián.

— Es la misma mierda, ¿o no entendes? ¡Te voy a matar!

— Preciso que me ayudes con esto, no puedo hacerlo solo.

— Si te queres matar por qué no agarras un arma y te volas los sesos en vez de ensuciar mis manos.

— No quiero hacer eso, quiero morirme enterrado vivo.

— Me vas a decir que queres sentirte como un vampiro antes de nacer —Contesto Gabriel con ironía.

— Si, quiero sentir algo que imagine y escribí miles de veces, pero nunca lo viví.

— Estas loco.

— Eso ya no tiene importancia. Hable con mi abogado e hice un testamento, ahí figura que vas a sacar mi biografía, la única y va a estar avalada por mi. El libro va a ser totalmente tuyo, así que aparte de tus honorarios vas a recibir las ganancias del libro. Soy famoso y mi vida es un misterio, vos mismo lo dijiste, por lo que el libro se va a vender como pan caliente.

— ¡No!

— Es algo que necesito, no puedo seguir así y no puedo esperar la muerte —Gabriel estaba sintiendo un poco de pena, Julián saco unos guantes de su bolsillo y se los entrego— Para que no dejes huellas en la pala, después llevaté todo y quémalos, los restos de metal tíralos al río.

— Pensaste en todo ¿No?

— Mas de lo que crees.

Julián se dejo caer en el hueco, se metió en el cajón y se acomodo lo mejor que pudo. Gabriel miro como cerraba el cajón. Se puso los guantes y fue hasta la pala en silencio. Observo la leyenda de la lapida, Julián pensó en todo, era su lapida. Nombres, apellido, fecha de nacimiento y fallecimiento, hoy, una breve frase ocupaba el pie: “Escribir no fue una bendición ni una maldición, fue solo una droga que me estiro la vida.” Gabriel comenzó a llorar de tristeza, Julián realmente estaba atormentado por sus propios demo­nios.

Continuara…

6 comentarios en “El redactor IV”

  1. Se me acaba de ocurrir algo… ¿como creen que termina la historia? los desafio a escribir aqui su opinion, ¿Que pasara con Julian? ¿Enfrentara sus demonios? ¿Que hara Gabriel al respecto de la desicion de Julian? ¿El atormentado escritor tendra un final feliz? ¿Habra algun milagro para ambos?

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