El redactor V (Final)

El primer palazo fue el mas duro, clavo la pala en la tierra y dudo en hacerlo, pero con lagrimas brotán­dole de los ojos igual lo hizo. Otro palazo, esta vez mas fácil que el anterior. Con cada palazo las lagrimas fueron desapareciendo y cada vez fue mas fácil terminar de rellenar el pozo.

A pesar de ser un cajón fúnebre, ofrecía un cómodo lugar para dormir, ahora comprendía por qué le gustaba esa cama a los vampiros. Escucho caer el primer montón de tierra, mucho mas tarde vino otro y el siguiente con menos retraso hasta que tomaron un ritmo constante, parecía una monótona pero hermosa me­lodía. Los estampidos fueron cada vez menores, como si le bajaran el volumen para obligarlo a dormirse. Cuando los ruidos cesaron supo que no había marcha atrás, solo restaba esperar un par de horas. Esperar.

Continúa leyendo El redactor V (Final)

El redactor IV

Julián esbozo una leve sonrisa, riéndose de su propio cinismo, la risa era su forma de escaparse del vacío, de salir de su vida, aunque para ello tenga que clavarse una daga en el corazón. Gabriel acompaño la leve sonrisa con otra mas pequeña, solo por obligación.

— ¿Alguna vez escribiste sobre algún problema tuyo?

Julián volvió a reír, esta vez era una risa un poco macabra, casi siniestra. Estaba saliendo del abismo y Gabriel lo volvió a empujar.

— Es de lo único que escribo.

— A mi no me parece así —refuto Gabriel.

— Siempre escribo acerca de mi —insistió Julián.

— Me leí todas tus novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, todo y nada hablaba sobre vos, incluso las precarias biografías de las solapas de tus libros, nada, tu vida es un misterio.

— Comencé escribiendo sobre mi, sobre lo que pasaba, luego se lo atribuí a distintos personajes, les di ideas, miedos, experiencias, fantasías, deseos, actitudes, etc., pero desde lo primero que escribí tomo como costumbre esconderme. Mi vida esta contada en mis obras, solamente tienen que buscar muy bien.

— ¿Por qué haces eso?

— Aunque no lo creas me cuesta hablar de mi, por eso escribo y se lo atribuyo a otros. Esconder mis cosas entre los personajes es una especie de capricho, o juego, y me gusta mucho hacerlo.

Gabriel apago el walkman y Julián toco fondo. Esta noche había escuchado demasiado, trato de organi­zarlo todo pero había algo que no cerraba. Repaso toda la charla, pregunta a pregunta, hasta que lo encon­tró.

Continúa leyendo El redactor IV

El redactor III

Julián se quedo callado, saco un cigarrillo y con la otra mano un encendedor. Lo encendió, dejándolo consumirse en su mano derecha. Volvió a tomar su lugar en la lapida. Necesitaba despejarse un poco y miro otra vez la gente alrededor de él. Encontró personajes nuevos, y descubrió animales rondando entre las tumbas. Asombrado miro hacia el cielo y entre las estrellas encontró a Grovi, un dragón, surcando el cielo con un gracioso vuelo. Unos de sus personajes mas queridos. Siguió por un rato el vuelo de Grovi con los ojos y la cabeza.

Grovi

Gabriel enmudeció, sabia que uno de los requisitos para ser un escritor famoso es ser excéntrico y un poco “raro”, Julián los cumplía perfectamente. Cuando se ponía en ese estado era inútil apurarlo, debía esperar a que hable. Le llamo la atención verlo mover la cabeza tan irregularmente. Trato de ver lo que Julián veía, pero allí no había absolutamente nada. Es un escritor famoso, pensó. Julián dejo de seguir a Grovi, miro a Gabriel e interpuso el cigarrillo medio consumido entre ambos.

Continúa leyendo El redactor III

El redactor II

Gabriel sospecho de la respuesta, conocía lo bastante a Julián como para saber cuando estaba mintien­do, y también sabia que era imposible obligarlo a decir la verdad, así que cambio de tema.

— En todo este tiempo me leí todos tus cuentos y novelas, encontré bastantes similitudes en algunos que me llamo bastante la atención, también encontré grandes diferencias en otros.

— ¿Similitudes? —pregunto indignado Julián.

— Repetición de situaciones, lugares, características de personajes, pero casi nunca de tramas.

Julián se llevo una mano a la pera y se puso a pensar, no entendía el planteo de Gabriel.

— Nómbrame alguna.

Continúa leyendo El redactor II